Juan Vaello Orts
En muchas de las veces cuando estamos frente a un grupo de niños, realmente tenemos innumerables retos que superar, uno de ellos es lograr que quienes no quieren aprender lo terminen haciendo.
Vaello puntualiza de forma metafórica la actividad del docente cuando afirma que, un profesor debe ser un mago animoso que domine la magia didáctica de gestionar sus clases controlando, motivando y relacionándose para conseguir un clima cordial lo más productivo posible.
El ambiente propicio se puede iniciar con una actitud positiva, por su puesto aumentando la atención y por consiguiente el control de la clase.
No es imposible cambiar la actitud del alumnado, pues resulta tan educable como cualquier otro aspecto. Aunque las clases no son iguales, siempre encontramos tres niveles o grandes grupos: primero, aquellos que trabajan y conviven en armonía; segundo, caracterizado por una actitud intermedia y que se comporta de acuerdo a la habilidad del maestro; finalmente, los alumnos difíciles de controlar, aquellos que se muestran renuentes al trabajo.
Elaborar las reglas que regirán al grupo escolar no es una tarea sencilla, pero será aun más complicado si solo se imponen y no se escucha la opinión de quienes tendrán que respetarlas: los alumnos.
Atendiendo las características individuales permitirá conocer mejor a los alumnos con los que se trabaja y por lo tanto los resultados de la gestión en el aula serán completa y totalmente visibles.
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